All Chapters of ¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO!: Chapter 51
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C52-NO TE QUIERO EN MI VIDA.
C52-NO TE QUIERO EN MI VIDA.Aurora respondió al beso con igual ferocidad, sus labios devorando los de él como si el tiempo no hubiera pasado y mientras lo besaba, clavó las uñas en su espalda a través del polo negro, recordando en un arrebato cómo sus cuerpos se habían fusionado en noches pasadas, dejando marcas que duraban días.Y movida por esa imagen, lo empujó hacia el carrito de golf estacionado en el borde del campo de prácticas, donde el vehículo ofrecía una barrera mínima contra las miradas curiosas bajo el sol del mediodía. Angelo dejó que lo dominara por un segundo, disfrutando la sorpresa de su fuego renovado, pero luego invirtió las tornas, girándola hasta que fue ella la que quedó presionada contra el carrito, una de sus manos capturó sus muñecas por encima de su cabeza mientras la otra exploraba su cuerpo con audacia, bajando por su costado para apretar su cadera y luego subir bajo la tela de su conjunto deportivo, rozando la piel caliente de su vientre que la hizo arqu
C53- NUNCA DUDÉ DE TI.
C53- NUNCA DUDÉ DE TI.Volvió a entrar al auto, cerrando la puerta con llave por instinto y con el corazón ahora latiéndole rápido, abrió el sobre y dentro había una nota hecha con letras recortadas de revistas."¿Ellos elegirían ese camino?"—¿Qué?Miró dentro y vio que había otra fotografía, era antigua, borrosa por el tiempo, pero mostraba a sus padres sonrientes en una cena formal, y a su lado un hombre de traje, con aire de CEO confiado y al fondo, apenas visible en una pancarta, estaba el logotipo de la compañía familiar de Angelo, ese emblema que ella conocía demasiado bien de su matrimonio.El corazón de Aurora se congeló, mientras un escalofrío le recorría el cuerpo.¿Qué significaba esto? ¿Quién era esta persona con sus padres?Las preguntas la golpearon como puñetazos, reviviendo el vacío de su muerte, el accidente de auto que siempre había dejado cabos sueltos.En ese momento, su teléfono vibró, rompiendo el silencio. Soltó un suspiro largo, intentando calmarse antes de co
C54-VIDEOLLAMADA
C54-VIDEOLLAMADAEn la mansión Russo, William salió de su cuarto casi corriendo. Sus rizos cobrizos rebotaban mientras avanzaba por el pasillo con el iPad bien sujeto contra el pecho. Tenía el corazón acelerado, porque había pensado en esto toda la noche.Angela estaba triste.Muy triste.Ya no reía como antes cuando jugaban, ni mandaba audios largos contando tonterías. Algo le pesaba, y William no soportaba verla así, porque ella era su amiga.Su mejor amiga en todo el mundo y los amigos se ayudaban.Por eso ahora mismo iba al estudio de su tío Angelo, cuando llegó se detuvo frente a la puerta, llamó y un segundo después escuchó la voz desde dentro.—Adelante.William respiró hondo, giró el picaporte y asomó la cabeza.Angelo estaba sentado detrás del escritorio, concentrado en unos papeles. Pero al verlo, sonrió de inmediato.—¡Ey! ¿Cómo estás? —dijo—. Pensé que te habías olvidado del tío genial.El chiquillo entró despacio, dejando la puerta abierta y bajó un poco la mirada, movien
C55- CREO QUE SÍ.
C55- CREO QUE SÍ.William desbloqueó el iPad, emocionado, estaba a punto de llamar, cuando una voz sonó desde el pasillo.—¡William! ¡William!Jimena apareció en la puerta con las manos en las caderas.—¿Qué haces aquí? —preguntó—. Ya es hora de irte a bañar.El niño apretó el iPad.—Mamá, estoy en algo importante con el tío.Jimena miró a Angelo. Después de su última conversación, el resentimiento seguía ahí, intacto, antes quizá habría cedido unos minutos.Pero hoy no.—Es hora de irnos —dijo, seca.—¡Mamá! —protestó William.Angelo se levantó despacio.—Hazle caso a tu mamá —intervino—. Luego hacemos la videollamada, ¿sí?William hizo un puchero y Jimena frunció el ceño al verlo.—Despídete.—Adiós, tío... —murmuró.Jimena tomó la mano del niño y lo sacó del estudio, pero la palabra quedó grabada en su cabeza.—¿De qué videollamada hablaban? —preguntó ya en el pasillo.—Es de la amiga que vimos en el museo, mami. Ella... está buscando a su papá.Jimena apretó la mandíbula y recordó
C56- PELIGROS DEL INTERNET
C56- PELIGROS DEL INTERNETAngela dejó el iPad sobre la cama con cuidado y se quedó de pie unos segundos sin moverse, con el corazón latiéndole tan fuerte que le dolía un poco el pecho y también trataba de entender lo que acababa de pasar, porque había buscado a su papá durante tanto tiempo que ahora, al creer que lo había encontrado, no sabía si quería gritar, llorar o salir corriendo a contarle a alguien.Pensó en la foto, en la cara del tío de William, en el dibujo que había hecho una y otra vez y volvió a estar segura. Sintió un cosquilleo raro en el estómago, mezcla de emoción y miedo, porque si era verdad entonces su papá existía de verdad, pero si no lo era... no quería pensar en eso.Lo único que sabía era que necesitaba verlo, aunque fuera una vez, aunque fuera solo para estar segura, entonces escuchó la puerta principal abrirse.Angela abrió los ojos de golpe.—¡Angela! —llamó Aurora desde la entrada.El corazón de la niña dio un salto y en ese instante decidió que su mamá t
C57- LO SABRÁS CUANDO LO HAGAS.
C57- LO SABRÁS CUANDO LO HAGAS.Aurora cerró la puerta del cuarto de Angela con cuidado, como si al hacerlo pudiera encerrar también el miedo que le temblaba en el pecho, y se quedó unos segundos apoyada en la pared, respirando hondo, tratando de convencerse de que había hecho lo correcto, aunque la imagen de su hija con los ojos llenos de lágrimas, no se le iba de la cabeza.Caminó hasta la cocina y entonces la puerta principal volvió a abrirse.—¿Aurora? ¿Todo bien? —preguntó Mike dejando las llaves viendo su expresión.Ella dudó un instante antes de hablar.—No... no mucho. Angela me dijo algo hoy, algo que me dejó helada.—¿Qué pasó?Mike se acercó y la llevó al comedor, Aurora se sentó en la silla y se pasó una mano por el pelo.—Me dijo que había encontrado a su papá —soltó de golpe—. Imagínate. Así, como si nada. Y... yo casi me desmayo.—¿Qué? ¡¿Cómo que lo encontró?!—Eso mismo le pregunté —respondió ella, con la voz tensa—. Y luego me dijo que era por un amigo de un juego, d
C58-HABLA CON ÉL.
C58-HABLA CON ÉL.Después de quitarle todo acceso a internet, algo cambió en Angela de una forma que Aurora no había visto nunca. La niña dejó de hablarle. No fue un berrinche ni un silencio corto; fue un muro. Cuando necesitaba algo, miraba a Mike y se lo pedía a él, incluso si Aurora estaba justo al lado.Un vaso de agua, los zapatos, una pregunta simple, nada pasaba por ella.Y Aurora fingía que no le dolía, pero cada vez que escuchaba "Mike" en lugar de "mamá", sentía un tirón seco en el pecho. Por eso empezó a despertarse por las noches pensando en lo mismo: en qué pasaría si su hija algún día la miraba con rencor, si ese silencio se convertía en algo más grande, en algo que ya no pudiera arreglar. Porque la idea de que Angela pudiera odiarla, como Mike había dicho, la dejaba sin aire.Pensó más de una vez en Angelo, en la verdad que había escondido durante años, y por primera vez no le pareció tan claro que callar fuera proteger.La puerta se abrió y Mike entró con una expresión
C59- SOY YO... TU HIJA.
C59- SOY YO... TU HIJA.En el consultorio, el médico revisaba los exámenes en silencio, pasando hojas con lentitud, frunciendo el ceño sin darse cuenta, y cada pequeño gesto era visto por Angelo como un golpe directo al pecho, porque no hacía falta que nadie dijera nada para entenderlo: su abuela no estaba mejor, seguía condenada, y el tiempo no estaba de su lado.Cuando el médico tomó aire para hablar, Adelina levantó la mano.—Hijo... ¿puedes salir un momento? —pidió con voz suave.Angelo frunció el ceño al instante.—¿Por qué? Vine contigo —respondió, tenso—. No voy a irme.Ella sonrió despacio y levantó la mano para acariciarle la mejilla. Ese gesto lo desarmó. Por un segundo dejó de ser el hombre y volvió a ser el niño que ella cuidaba, al que le arreglaba el cabello y defendía de todo.—No necesitas cargar con esto —dijo ella—. No quiero que sufras conmigo.Angelo tragó saliva, le dolía más de lo que podía decir.—Abuela...—Ve —insistió—. Ve a ver a tu hermano.Algo se rompió en
C60- ME ROBASTE OCHO AÑOS.
C60- ME ROBASTE OCHO AÑOS.—Papito... —susurró—. Soy yo... tu hija.Angelo seguía agachado, con la mano extendida en el aire, la sonrisa que tenía se congeló, no desapareció. Se quedó ahí, rígida, fuera de lugar y sus ojos tan azules como los de su hija, se abrieron un poco más, no por sorpresa, sino por algo peor: una incomprensión profunda.Su cabeza rechazó la palabra, pero algo más antiguo, más rápido, ya la había reconocido.Hubo segundos largos, pesados, donde solo se miraron.Angela tragó saliva y volvió a hablar, esta vez con un hilo de voz más firme, como si juntar las palabras le diera valor.—No me crees... soy tu... tu hija. Angela. Me llamo como tú... porque tú eres Angelo, ¿verdad? —respiró hondo—. Eres SEAL y... te vi con mamá... ella te besa... y William... es mi amigo. Tú eres mi papá. Lo sé. Eres... mi papá.Ahí el golpe fue real.A Angelo se le vació el estómago y un zumbido le llenó los oídos.Todo encajó al mismo tiempo y le dolió como una verdad que llega tarde.
C61- ÉL HIZO TODO EL TRABAJO.
C61- ÉL HIZO TODO EL TRABAJO.Aurora no retrocedió.Porque si algo había aprendido en esos ocho años era a sostener la mirada cuando el miedo quería doblarle las rodillas. Así que levantó el mentón y lo miró de frente, fría, casi burlona, como si ese tono fuera la única armadura que le quedaba.—¿Robarte? —dijo despacio—. Curiosa forma de decirlo, Angelo. Tú me sacaste de tu mundo como si yo no existiera, me desterraste, me fuiste indiferente y cuando crucé el océano y me di cuenta de que estaba embarazada... —soltó una risa breve, sin humor— tú no estabas, no llamaste, no preguntaste, no buscaste. Así que no, no te robé nada. Tú te fuiste solo.Angela los miraba sin entender.Su cabeza iba de uno a otro, como si temiera perderlos si parpadeaba. Sentía el cuerpo tenso, atrapado entre palabras que no eran para una niña, pero que sonaban duras contra su padre, así que se apretó más contra Angelo y levantó la cara hacia él, con los ojos grandes y asustados.—Papito... —preguntó en voz ba