All Chapters of UN HEREDERO ENTRE NOSOTROS: Chapter 1
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PREFACIO
OBJETIVO: Ser madrePLAN A: Fertilización in vitroOBTÁCULO: No hay mucho dinero para eso.PLAN B (idea de la amiga desquiciada): Ir a un evento de citas a ciegas y conseguir un buen donante.OBSTÁCULO: ¡Los donantes!Tenía treinta años, una traición reciente y un divorcio más fresco todavía. ¿A qué iba a esperar? ¿A empezar de cero en el amor, rezar para que le tocara uno bueno esta vez, esperarse otros dos o tres años al matrimonio y otros tantos por los hijos…? Para ser madre ¿cuándo? ¡¿A los cuarenta?!—¡No! —murmuró para sí misma—. Ya no tengo energía para pasar por todo eso de nuevo.Así que allí estaba Lauren, sentada en una mesa pequeña, con una copa de vino entre las manos, esperando a su “primera cita”.Y el primero fue un desastre:—Yo, la verdad, tengo tres proyectos abiertos, voy al gimnasio todos los días… —dijo mientras Lauren miraba muchos músculos y poco cerebro.El segundo no fue mejor.—Antes de seguir, ¿cuánto ganas al mes? Porque me gusta que me consientan, soy un
CAPÍTULO 1. Una mentira devastadora.
UN MES ANTES...Lauren se despertó con una náusea tan intensa que tuvo que llevarse la mano al estómago antes incluso de abrir los ojos. Su cuerpo llevaba días enviándole señales que ella había tratado de ignorar por puro miedo.—Tranquila —se dijo en voz baja—. No sabemos si es un embarazo. No nos ilusionemos por gusto.A su lado la cama estaba vacía y no le sorprendió. Lauren ya estaba acostumbrada a despertar sola. Su matrimonio nunca había sido del tipo romántico o cariñoso, algunas veces incluso se había preguntado si Nolan la quería realmente, pero compartían la cama y él… simplemente era malo para expresar cariño. Eso era todo.Demás últimamente Nolan estaba tratando de manejar la crisis financiera de su empresa. Por eso no se sorprendió al escuchar su voz desde la cocina, tensa, cortante.—¡No me importa cómo lo resuelvan, necesito una respuesta hoy…! ¡No, hoy! ¿Me estás escuchando? Si los socios se bajan del barco ahora, estamos jodidos. ¡Si esa fusión que estamos negociando
CAPÍTULO 2. La loca obsesionada
El silencio que siguió fue absoluto y Lauren se quedó paralizada.—¿Qué quieres decir con que no lo permitirías? —balbuceó como pudo.—Que durante los últimos años me aseguré de que no quedaras embarazada. Eso quiero decir —espetó él apretando los puños y ella sintió un pitido agudo en la cabeza que le nubló el pensamiento.—¿Cómo…? —susurró—. ¡¿Cómo?!—Con anticonceptivos —respondió Nolan—. Todos los días.Lauren se levantó y dio un paso atrás. De pronto, demasiadas cosas empezaron a encajar con una claridad cruel.—El té… —susurró—. Tú siempre me preparabas té por la noche. Incluso cuando llegabas cansado.Recordó cuántas veces había contado ese detalle como una anécdota tierna. Cómo lo había presumido frente a amigas, convencida de que ese gesto era una prueba silenciosa de amor.Y ahora más de treinta personas ajenas a su casa escuchaban cómo la sometían a aquella humillación.—Nolan… yo… ¡Yo me estaba hormonando! —dijo, alzando la voz—. El médico me recetó tratamiento para intent
CAPÍTULO 3. El juicio de las brujas
La bofetada resonó tan fuerte que Nolan se quedó aturdido, furioso, sujetándose la cara mientras Lauren lo empujaba con fuerza y corría al otro lado de la habitación. Se envolvió en una bata y su mano se cerró sobre una lámpara.—Si me tocas de nuevo yo voy a ir a la cárcel, ¡pero a ti tu madre te entierra mañana! -le gritó. —¡Me asfixia cuando eres así! —escupió él con desprecio—. ¡Todo se va a los extremos contigo! Por eso nunca fue buen momento para un hijo.Lauren sentía que el corazón se le rompía con cada palabra, entendiendo que había sido compleamente ciega.—¿En general? ¿O conmigo?—Tú sabías desde el principio que mi prioridad era la empresa —se defendió él—. Nunca te prometí hijos…—¡Te pregunté durante ocho años! —espetó Lauren—. ¡Ocho! ¡Si nunca quisiste hijos conmigo… ¿por qué no me dejaste ir?!Nolan la miró como si la pregunta le pareciera ingenua, casi infantil… Como si disfrutara respondiéndola.—Porque funcionabas —respondió por fin—. Eras estable. No exigías. Enc
CAPÍTULO 4. Sin forma de sobrevivir
—¿Sabes qué es lo más ridículo de todo esto? —espetó Nolan alzando la voz—. ¡Que te creas con derecho a dejarme! ¡Después de todo lo que hice por ti!Lauren sintió cómo algo le ardía en el pecho.—¿Hiciste por mí? —repitió—. Me mentiste. Me drogaste. ¡Me quitaste ocho años de mi vida!—¡Te di un apellido! —le gritó Nolan de repente, perdiendo el control—. Te saqué de la nada. ¡Antes de mí no eras nadie, Lauren!El grito resonó en toda la casa, y aunque ella se sobresaltó, lo peor para su marido fue ver que no retrocedía.—¿Crees que el mundo te está esperando con los brazos abiertos? —se burló, señalándola—. Afuera no eres especial. ¡Todo lo que eres ahora lo eres porque yo te lo permití!Lauren apretó los dientes. Las manos le temblaban, pero no bajó la mirada.—Tal vez —dijo con la voz rota—. Pero aun así prefiero eso a quedarme contigo y renunciar para siempre a ser madre.Y ese desafío fue el detonante final.—¡BASTA! —rugió Nolan, golpeando la mesa con el puño—. Siempre lo mismo.
CAPÍTULO 5. La última oportunidad
CAPÍTULO 5. La última oportunidadEsa noche bebieron hasta caer, pero al día siguiente Lauren sacó de la maleta una carpeta que no había abierto en años. Su título universitario: Economía Aplicada con especialización en Análisis de Datos y Estrategia de Riesgo.—Suena grandilocuente —comentó—. En realidad, solo se trata de construir algoritmos de trabajo antes de que las empresas se vuelvan un desastre.—Pues yo no entiendo ni eso —respondió Ava—. Pero empresas se sobran en el mercado. ¡Alguna te querrá!Así que Lauren empezó a enviar currículums. Aplicó a consultoras, a firmas de análisis, a empresas medianas, y por desgracia las respuestas llegaron rápido, demasiado rápido.—Gracias por su interés —le dijo una reclutadora por videollamada—, pero buscamos a alguien con mayor compromiso profesional. Estoy segura de que entenderá.Y no, Lauren no lo entendió hasta la siguiente entrevista, cuando el hombre frente a ella no disimuló.—Señora Rokham, usted estuvo ocho años casada con un e
CAPÍTULO 6. Un botón antibalas
—Estoy dispuesta a hacer todo lo que haga falta —sentenció Lauren y el contrato apareció de inmediato.Ella lo leyó de una punta a la otra y firmó como si acabara de agarrarse a una tabla en medio del naufragio.Luego todo fue una vorágine de entrega de trabajo y cuando llegó al departamento de Ava, no le cabían las cosas en las manos, pero estaba más feliz que nunca en los últimos ocho años.—¡LO LOGRASTE! —Ava soltó un grito ahogado y la abrazó.Y Lauren rio por primera vez en semanas sin que le doliera el pecho.—Lo logré…—¡Pues esto hay que celebrarlo! Nos ponemos bonitas, sacamos los vestidos levanta—braguetas y…—¡Solo vamos a comer…!—¡Carne! ¡Vamos a comer carrrrne! —aseguró Ava y se encargó de que Lauren esa noche se pusiera un vestido negro que habría hecho babear a una procesión de caracoles.Cabello suelto, labios rojos y un taxi derechito a un restaurante pequeño, cálido y delicioso.—Ahora sí, dime cuáles son los próximos planes, y sobre todo dime que no te llevarán lej
CAPÍTULO 7. Sesenta segundos sin filtro.
Lauren quería que la tierra se abriera y se la tragara. La verdad era que el concepto no estaba mal, pero los candidatos eran terribles.—Amén que hay barra libre. ¡Necesito más vino… o vodka! ¡Algo fuerte! —siseó corriendo a la barra con Ava en uno de los descansos—. ¿De dónde los sacan?—Pues de donde mismo salimos nosotras —se rio Ava—: de los desesperados que buscan algo. ¿Cómo te está yendo?—¡Estoy a punto de ahorcar a alguno! —Lauren hizo un puchero.—Respira, respira. Recuerda que solo estás buscando buenos genes -le recordó Ava.—Ya sé. ¡Dios! ¡A la batalla de nuevo!Pero la verdad era que la batalla ya estaba perdida de antemano, cuando el próximo tipo se sentó frente a ella.—Soy muy espiritual, ¿sabes? Leo cartas, hago limpiezas energéticas… Si quieres, luego te leo el aura, pero son veinte dólares.Lauren se lanzó sobre el botón rojo como si fuera el detonador de una bomba, y el siguiente llegó:—No me gustan las mujeres con amigos hombres… o amigos en general. Tampoco me
CAPÍTULO 8. Una advertencia peligrosa
CAPÍTULO 8. Una advertencia peligrosaLauren sentía la sangre latiéndole en las sienes.El hombre frente a ella estaba en el tope de la cadena alimenticia, podía adivinarlo solo por el traje a medida, los modales impecables y el maldito Rolex de edición limitada en su muñeca. La pregunta era: ¿Qué hacía un superdepredador como él en un tanque de pececitos?—Mark —declaró con voz ronca y ella pasó saliva.—Lauren.Ninguno dijo su apellido, como si el anonimato estuviera implícito.—¿Siempre hablas así de claro con desconocidos... Lauren? —preguntó él saboreando su nombre con una sonrisa capaz de mojarle las bragas a un convento—. ¿O esta noche es especial?Y Lauren contuvo el aliento mientras cruzaba las piernas, porque algo entre ellas de repente estaba demasiado húmedo solo con aquella voz ronca.—Supongo que cuando una se ha callado por demasiado tiempo, las cosas acaban estallándonos en la lengua.Mark tomó un sorbo sin apartar los ojos de los suyos.—Entiendo. Pero antes de que me
CAPÍTULO 9. Una sola noche
—Una sola noche —advirtió Lauren, pero su voz no sonó convencida ni siquiera para ella misma.—Una larga noche —replicó él sintiendo la tensión, la duda, la adrenalina que recorría a una mujer que no estaba acostumbrada a tener aventuras, cuando se tropezaba de frente con una.Y antes de que se arrepintiera sus brazos la rodearon con absoluta posesividad y su boca se estrelló contra la suya con un beso profundo, hambriento, lleno de señales de peligro por todos lados.Su lengua se hundió en la boca de Lauren con posesividad, controlando cada jadeo hasta que involuntariamente se convirtieron en gemidos y sintió aquella tensión en su vientre.¿Qué parecía fría? Como un maldito témpano. Pero el movimiento inconsciente de sus caderas buscándolo decía otra cosa.—Definitivamente… no eres gay —murmuró Lauren tratando de recuperar el control de su aliento y de su cuerpo, como si hubiera perdido todo a la vez.Y los ojos de Mark recorrieron la curva de su garganta, sus pechos, ese punto donde