All Chapters of UN HEREDERO ENTRE NOSOTROS: Chapter 11
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CAPÍTULO 10. Tres centímetros de control absoluto
Lauren sentía la adrenalina derraparle en las venas como una moto de carreras. Los dedos de Mark recorrieron sus pechos sobre el brasier, acariciando la piel desnuda, bajando a su vientre… hasta encontrarse con el borde de aquellas bragas negras y tirar hacia arriba. La tela rozó su sexo con fuerza y Lauren ahogó un grito porque la sensación era abrumadora, pero un segundo tirón y todo lo que escuchó fue la tela rasgarse.Había una anticipación más oscura en el aire, como si Mark hubiera decidido cruzar una línea que hasta ahora ella solo había imaginado.—Eres hermosa —susurró él con voz baja y áspera, mientras sus labios rozaban el lóbulo de su oreja.Luego fue el turno del brasier, y Mark lo dejó caer al suelo antes de deslizar sus manos hacia adelante, cubriendo sus pechos con posesividad. Sus pulgares rozaron sus pezones, y ella gimió cuando los pellizcó lo justo, no suficiente para doler, pero sí para hacerla arquearse hacia él.—Tengo curiosidad por saber… qué tanto te moja est
CAPÍTULO 11. Castigada y avisada
Pero era demasiado. Las vibraciones, sus dedos, la forma en que su cuerpo estaba expuesto y vulnerable, todo se combinaba en un torbellino de sensación que la llevaba inevitablemente hacia el precipicio.—¿Qué tan perverso sería decirte que esa no es una amenaza? —gimió Lauren sin poder evitarlo y los dedos de Mark encontraron su clítoris de nuevo, frotando en círculos apretados mientras la vibración interna la llevaba al borde con una rapidez alarmante.—Bueno… entonces un castigo especial para la señorita —susurró él en su oído.Su piel parecía a punto de incendiarse, y Lauren cerró los ojos mientras sentía su miembro juguetear peligrosamente con su entrada. Se mordió los labios y sintió el primer empujón suave mientras la penetraba.Era tan lento que la hacía desesperarse, y a la vez tan profundo que iba empujando aquella balita hasta un punto en que no había retorno.—¿Qué haces…? ¿Qué…?Pero justo cuando él sintió que tocaba su final, dejando allí las vibraciones, se retiró y ent
CAPÍTULO 12. Condiciones no negociables
La noche se consumió entre jadeos desesperados, gemidos sordos y un clímax tras otro, cada uno más devastador que el anterior, hasta que Lauren ya no supo cuántos eran.Mark no la dejó dormir. No de verdad. Cada vez que Lauren lograba un solo respiro, él volvía a buscarla, a rodearla con su cuerpo, a atraerla hacia sí como si temiera que desapareciera si aflojaba el agarre. No había prisa, pero tampoco había delicadeza; solo una intensidad constante, una forma de atención que la dejaba exhausta y despierta a la vez.—¿Tú siempre eres así de insistente? —murmuró ella en algún punto, con la voz cansada y una risa débil atrapada entre palabras.—Solo cuando me interesa alguien —respondió él contra su cuello.—¿No se supone que necesitas cinco minutos para recuperarte?—¡Por favor, yo soy un semental!Lauren no pudo evitar la carcajada, porque había algo mucho más peligroso en las risas y las bromas de aquel hombre, que en toda su oscuridad.—Eso suena a amenaza —susurró.—Lo tomaré como
CAPÍTULO 13. Un heredero para los Ellison
CAPÍTULO 13. Un heredero para los Ellison—Encuéntrala. ¡Tienes que encontrarla! —gruñó Mark caminando de un lado a otro de la habitación del hotel con el teléfono pegado a la oreja, descalzo, y el saco aún tirado sobre una silla.No había dormido más de veinte minutos seguidos y su paciencia estaba exactamente en el mismo estado que la cama deshecha: ¡inexistente!“¿Me equivoco o es la primera que se escapa de ti?”—¡Joel!“¡Bien… bien!” respondió Joel con tono burlón. “Te voy a ayudar. Dime el apellido”.Mark se detuvo como si una barrera invisible lo rodeara.—Este… No lo sé.“¿Cómo que no lo sabes?” preguntó su amigo ya completamente despierto. “¿No te dijo su apellido?”—No. ¡No se me ocurrió preguntárselo!“No se te ocurrió que solo te quería para un revolcón. Fuiste su gigoló” se rio Joel, pero al pensar en el objetivo, la sonrisa se le borró. “Mark... Hay miles de Laurens en Los Ángeles”.—Entonces búscalas a todas —replicó él sin dudar.“Eso es una locura”.—Más loco es que s
CAPÍTULO 14. A distancia segura
Lauren llegó a casa de Ava arrastrando una mochila y con la sensación extraña de haber vivido tres vidas en una sola noche. Cerró la puerta detrás de ella y apoyó la espalda en la madera, soltando el aire.—Dime que eso que llevas puesto es moda y no supervivencia —dijo Ava desde la cocina—. Porque pareces… chupeteada en todos los lugares importantes. ¡Diablos, señorita!Lauren alzó las cejas, se miró los brazos, luego las piernas, y soltó una carcajada.—Y los demás lugares no me los siento —respondió—. Así que supongo que sigo viva.Ava se acercó con una taza de café y la observó de arriba abajo, con esa mirada clínica que solo tienen las amigas de verdad.—Al menos puedes caminar —comentó—. Eso ya es ganancia.—Eso es porque escapé a tiempo —replicó Lauren, sentándose en la mesa y estirando las piernas con cuidado.Ava le deslizó el plato con tostadas y se sentó frente a ella.—¿Escapaste de quién exactamente? —preguntó con una sonrisa ladeada—. ¿Del Señor Oscuro?Lauren bufó, pero
CAPÍTULO 15. Distancia profesional
Lauren sintió que perdía el color. ¡Le había mandado aquello al Jefe Supremo, el señor Ellison, con palabrotas incluidas!Y sobre todo sin saber que un día antes, la sala de juntas de ECG Global estaba llena y en silencio expectante. La mesa de vidrio ocupaba casi todo el espacio, rodeada por hombres y mujeres con trajes impecables y tabletas abiertas.Mark ocupaba la cabecera con los codos apoyados en la mesa, escuchando sin demasiada paciencia los reportes que iban pasando de boca en boca. Jefes de sucursales, directores regionales, responsables de adquisiciones. Números, gráficos, previsiones. Todo marchaba… más o menos.—Pasemos a las nuevas adquisiciones —ordenó, girando apenas la silla.Las pantallas cambiaron y aparecieron los indicadores de las empresas recién integradas al grupo. Mark los recorrió con la mirada con rapidez mecánica, hasta que algo llamó su atención. Un patrón demasiado estable para una empresa que, según el informe previo, había quedado prácticamente vacía de
CAPÍTULO 16. A punto de encontrarse
—Mañana quiero verte en la empresa —dijo Mark, con ese tono seco que no dejaba espacio a interpretaciones—. Pase lo que pase.Lauren lo escuchó desde la pantalla de su portátil con el ceño fruncido. Llevaban varios minutos discutiendo lo mismo y, aunque odiaba admitirlo, él estaba ganando por puro agotamiento.—Ya le dije que mañana no voy —rezongó—. Tengo una cita médica.—Pues la cancela.—¿Perdón?—Esto es prioritario —replicó él—. Y no voy a discutirlo más.Lauren soltó una risa breve, incrédula.—Eres increíble, ¿lo sabías? —espetó tuteándolo.—Gracias —respondió Mark sin pizca de ironía—. Entonces, ¿te veo mañana?Ella apretó los labios, miró el calendario una vez más y cerró los ojos con resignación. El ginecólogo tendría que esperar, porque no podía traer a un bebé al mundo sin trabajo.—Está bien —cedió—. Iré.—Bien.—Pero no porque me lo ordenes —añadió ella—. Lo hago porque soy profesional.—Eso esperaba escuchar —dijo él—. Buenas noches, señorita Hale.—Buenas noches, seño
CAPÍTULO 17. Viejos fantasmas
Mark soltó una maldición por lo bajo mientras salía del edificio y se metía al coche sin siquiera mirar a dónde iba. Normalmente era consciente de cada gesto, cada saludo, cada rostro que podía ser útil más adelante, pero ese día no. Ese día todo le resultaba irrelevante.El día ya estaba medio perdido. Lauren había ido a su empresa a buscarlo, seguramente había averiguado quién era él; pero no había logrado verla, no había logrado hablar con ella y, para colmo, sentía esa inquietud absurda que no se le iba del cuerpo desde que las puertas del ascensor se habían cerrado en su cara. Aquella imagen fugaz —una silueta, un movimiento, una certeza— seguía repitiéndose en su cabeza con una insistencia molesta.Arrancó y condujo directo a casa de sus padres. Cuando llegó, las luces del salón estaban encendidas y eso ya era una mala señal. Su madre nunca encendía más luces de las necesarias… a menos que tuviera un plan. Y Susan Ellison siempre tenía un plan.—Mark —dijo Susan Ellison apenas é
CAPÍTULO 18. Terapia de choque
El teléfono de Lauren vibró cuando ya estaba en pijama, con el cabello recogido de cualquier manera y una taza de té enfriándose sobre la mesa. Había pasado el día concentrada en números, flujos y correcciones, intentando no pensar demasiado en que el idiota de su jefe la había plantado en el corporativo después de obligarla a ir. Así que su cuerpo aún conservaba una tensión rara, como si algo hubiera quedado inconcluso.Miró la pantalla y frunció el ceño: Número desconocido.Durante un segundo pensó en ignorarlo. No esperaba nada bueno de una llamada a esas horas. Aun así, respiró hondo y respondió.—¿Hola? —dijo con cautela, apoyándose en el respaldo de la silla.—Habla Mark Ellison —dijo la voz al otro lado, seca, inconfundiblemente ebria—. Tu jefe.Lauren parpadeó una vez, procesando la frase. Aquel tono mandón no necesitaba presentación, y sin embargo el hecho de escucharlo así, directa, sin intermediarios, le provocó una mezcla incómoda de fastidio y alerta.—Buenas noches, seño
CAPÍTULO 19. Golpes controlados
Lauren se quedó mirando la nota en la pantalla del portátil más tiempo del que habría querido admitir. El correo seguía abierto, inmóvil, como si la frase tuviera peso propio.Yo duro toda la noche.Sintió un cosquilleo extraño en el pecho, una mezcla incómoda de fastidio, sorpresa y algo que prefería no nombrar. No era halago. Tampoco indignación pura. Era esa sensación peligrosa que aparece cuando alguien cruza una línea y, aun así, no te apartas de inmediato.—Imbécil —murmuró, cerrando el portátil con un golpe seco.Se levantó, se preparó algo para dormir y se metió en la cama convencida de que dormiría como una piedra. No fue así. Dio vueltas, acomodó la almohada, volvió a pensar en el correo y terminó rindiéndose al cansancio con la sensación de que algo había quedado abierto.A la mañana siguiente, todavía en pijama y con el cabello recogido de cualquier manera, estaba preparando café cuando su teléfono vibró sobre la encimera. Miró la pantalla y exhaló despacio.Número desconoc