All Chapters of Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró: Chapter 41
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Capítulo 41
César guardó silencio por un momento antes de apartar la mirada con una risa burlona.—Vaya, lo recuerdas muy bien, ¿eh?Ella se quedó sin palabras… ¿Cómo podría olvidarlo? Cada palabra hiriente que él le había dicho estaba grabada en su memoria. Había tardado seis largos años en despertar, pero al menos no había desperdiciado toda una vida.Pronto llegaron a la clínica y ella siguió obediente a César hasta la habitación de Sira. Al verlo, Sira se incorporó con una sonrisa forzada.—César… —Lo saludó.Cuando notó la presencia de Celia, que venía detrás de él, su expresión se tensó y sus manos apretaron de manera inconsciente las sábanas: ¿¡por qué vino a verla con la otra mujer!?Celia ignoró su reacción y se acercó.—Señorita Núñez, lamento mucho lo ocurrido anteriormente —le sonrió.Sira quedó perpleja. ¿Acaso esta maldita venía a disculparse?Celia le hizo tres reverencias con respeto y luego empezó a darle las bendiciones.—Le deseo salud, longevidad y que todos sus deseos se cumpl
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Capítulo 42
Tras el desmayo de Sira, César permaneció a su lado hasta que recuperó el conocimiento.—César —murmuró ella con voz débil.—Dime. ¿Te sientes mejor? —le preguntó él.De pronto, Felipe entró a la habitación con una sonrisa complaciente y saludó a César.—Señor Herrera, qué honor verlo aquí.César saludó sin interés en formalidades.—¿Por qué ella se desmayó? —él preguntó.Felipe intercambió una mirada rápida con Sira antes de responderle con cautela.—Son secuelas del parto… No pudo descansar de forma adecuada después de dar la luz a su hijo. Pero con reposo mejorará…—César, estoy bien, en serio. Perdón por preocuparte —le dijo Sira muy pálida.Su figura era muy delgada y parecía tan frágil como cristal.Con la explicación, César relajó un poco la tensión.—Menos mal. Osqui aún es pequeño. Te necesita. —La consoló y luego le ordenó a Felipe—: Transfiérela a un pabellón VIP y cure su debilidad.—Claro. Ya me encargo de eso —le respondió Felipe con adulación antes de retirarse.Sira baj
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Capítulo 43
—¿Divorcio? —se sorprendió Carlos—. ¿Por qué ella quiere divorciarse de César? ¿Fue por lo mío…?—¡No es así! —lo interrumpió Rosa, acercándose con cariño—: Esto no tiene que ver contigo, hijo. No te culpes.Ella conocía el temperamento impulsivo de su hijo. Si descubría la verdadera razón del divorcio, ¡iría directo a causarle problemas a la amante de César! Y si enfurecía a César, los Sánchez sufrirían las consecuencias. También le importaba su hija, pero… la influencia de los Herrera era la única oportunidad de ascender socialmente para la familia. Al fin, debido a la falta de influencia, ellos eran incapaces de proteger a Celia.—Exacto. Celia no sabe valorar su buena suerte. Debe agradecer que César la aceptara como su esposa, ¡pero esa ingrata aún quiere arruinarlo todo! —Fabio continuó criticando, creyendo que Celia solo le traería vergüenza y no entendía sus preocupaciones.Carlos, silencioso bajó la mirada, pensativo.***Mientras tanto, en el hospital, Celia había estado en e
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Capítulo 44
Celia contempló el documento de degradación sobre el escritorio. Su expresión se tornó sombría. Como médica especialista, técnicamente tenía un título por debajo del nivel de Sira, quien era la directora. Pero gracias a los privilegios especiales que Samuel le había otorgado, nunca había tenido que reportarse a ningún jefe de departamento en el pasado.Sin embargo, el documento llevaba la firma de Samuel… Era evidente que esta fue una decisión tomada con el permiso de los directivos. Y, solo una persona tenía esa influencia: César. Apretó el papel hasta arrugarlo, sintiendo cómo la ira se extendía por su pecho.—Doctora Sánchez, ¿cómo está? —Felipe se burló de ella con desprecio.Desde que Celia recibió los privilegios de Samuel, él la había despreciado. Había trabajado quince años en la clínica, ¿con qué derecho una simple recién graduada lo superaba en solo tres años?Al principio asumió que ella tendría conexiones poderosas, por lo que se vio obligado a aguantar las injusticias, has
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Capítulo 45
Celia durmió en la habitación de invitados, disfrutando de una noche de sueño tranquilo. No fue sino hasta la hora del desayuno cuando volvió a ver a César sentado a la mesa. Parecía no haber descansado muy bien. En su rostro apuesto se notaban rastros evidentes de cansancio.Margarita le entregó una porción de comida. Estaba acostumbrada a que Celia, como solía hacerlo, le sirviera personalmente a César. Sin embargo, al verla permanecer inmóvil, se quedó algo confundida, notando la tensión entre la joven pareja. ¿Acaso habían tenido una discusión?Aprovechó el momento César y se abrochó los puños de la camisa mientras echaba un vistazo a la comida. Recordó de pronto que antes, cada vez que ella dormía allí, Celia se levantaba temprano para prepararle el desayuno. Pero ahora se había levantado incluso más tarde que él…Tomó los cubiertos con elegancia, pero al ver que ella disfrutaba tranquila de su comida como si él no existiera, los dejó con un evidente enojo.—Señor, ¿no le gusta el
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Capítulo 46
Cuando vio a Celia minutos antes, aún mantenía el respeto. Pero ahora había dejado caer la máscara de amabilidad para mostrar su verdadera arrogancia. Después de todo, tenía que disfrutar de los privilegios que César le había otorgado.Celia apretó los puños con rabia, manteniéndose impasible.—Entonces, directora Núñez, ¿tiene alguna tarea especial para mí?Sira cruzó los brazos y miró a su hijo. Óscar se acercó corriendo.—Mamá, quiero un mousse… ¿Podrías pedirle a esa mala que me lo compre?Sira fingió vacilar antes de mirar a Celia.—Celia, ¿le molestaría hacerme este pequeño favor? Comprarle un pastel a Osqui, mi hijo con César…Repitió una y otra vez las últimas palabras, como si quisiera recordarle a Celia que, ella nunca sería parte de esa feliz familia de tres. Lo más irónico de todo era que era la amante quien pronunciaba estas palabras ante la esposa legítima del hombre.Pero Sira ignoraba que Celia se había preparado mentalmente para esta situación desde que descubrió la ex
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Capítulo 47
¿Un niño? La figura de Óscar de repente apareció en la mente de Celia. Solo lo relacionado con Sira y su hijo podía haber provocado tal furia en César.—¿Yo lastimé a un niño? —le respondió sonriendo con cierto sarcasmo—. Señor Herrera, no entiendo lo que dijo.César la agarró con violencia de la muñeca.—¿No fuiste tú quien le compró el pastel?Su agarre era tan fuerte que le causó un intenso dolor. Ella intentó liberarse, conteniendo las lágrimas de dolor.—Sira me pidió que lo comprara, así que lo hice. ¿Y qué pasó con eso?César la jaló hacia sí hasta que sus cuerpos estuvieron a centímetros de distancia.—¡Osqui es alérgico al chocolate! ¡Ese pastel casi lo mata!Sin pensarlo, Celia olvidó el dolor de su muñeca ante el impacto de sus palabras.—Sira no me lo dijo —le explicó.—¡Sigues mintiendo!El tono de César dejaba clara su ira. Se acercó cada vez más, como si quisiera estrangularla.—¡Sira ya te advirtió sobre la alergia! ¿Crees que una madre olvidaría algo así?Celia retroce
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Capítulo 48
Celia apretó con rabia los puños. Palideció, y cada respiración le costaba un gran esfuerzo, pasando por alto toda la amargura que sentía. —¡No tengo ninguna culpa! —insistió con los ojos llenos de lágrimas.César entrecerró los ojos, pero al final la soltó.—Si quieres permanecer arrodillada, quédate así.Se sentó en el sofá cercano, dispuesto a esperar con paciencia. Sira lanzó una mirada de victoria a Celia antes de acercarse a César, fingiendo compasión.—César, esto es demasiado para ella…—Es su propia decisión —le respondió el joven.Su decisión… Al escuchar esto, el último impulso de Celia por justificarse desapareció por completo.***Celia permaneció arrodillada por más de una hora, sin ceder a pedir disculpas. César la observaba fijamente, sintiendo una mezcla de emociones complejas. No sabía por qué, pero su terquedad le resultaba ser algo incómoda.En ese preciso momento, Óscar despertó. Sira dejó las frutas que había pelado y corrió hacia la cama.—¡Osqui, por fin, has d
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Capítulo 49
César abandonó la habitación. Sira lo vio alejarse y no pudo evitar apretar los puños con cierto resentimiento.¡Le había prometido quedarse a cuidar a Óscar! ¿Acaso se había ido por esa maldita? No, no podía ser, porque los había defendido frente a Celia. Además, ¡ella había tenido una relación de diez años con él! ¡Ese vínculo no cambiaría por su ausencia de solo seis años! Conocía muy bien a César, él era un hombre muy precavido con sus sentimientos. Se repetía estas palabras para tratar de consolarse. Después de todo, el simple hecho de que los hubiera protegido demostraba su importancia para él. Mientras tanto, Celia, siendo un simple juguete de César, no representaba ningún tipo de amenaza para ella.Mientras tanto, en la oficina de Celia, ella se subió el pantalón, revelando así terribles moretones en las rodillas y marcas del piso grabadas en su piel. De pronto, la puerta se abrió con brusquedad. Se apresuró a cubrir las heridas.—¡Celia! ¿Qué te pasó en las rodillas?Era Carl
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Capítulo 50
César iba a apartar la mirada, pero al escuchar su tono de no querer verlo, cambió de idea de repente. Se acercó cada vez más y la examinó de reojo de arriba a abajo. —Esta es mi casa, y cuando quiera regresar, puedo hacerlo.Celia enseguida trató de esquivarlo, pero él la atrajo hacia su abrazo. Su cabello húmedo se pegaba a su piel blanca, y esos ojos cristalinos, ahora asustados, la hacían ver aún más frágil y encantadora.Él acarició con ternura aquel lunar con sus yemas ardientes. Sin darse cuenta, pasó saliva. Parecía que ya habían pasado varios meses sin que hicieran el amor.Celia reconocía muy bien esa mirada cargada de deseo. Intentó apartarlo empujándolo.—Se acabaron los… condones —tartamudeó al instante.—Ya los compré —él le respondió con voz ronca.Con la mano posada en la delgada cintura, él enterró su rostro en el cuello de ella.Celia se sobresaltó demasiado por esa intimidad. Antes de que pudiera reaccionar, él la levantó en brazos. La arrojó sobre la cama y la tení
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