All Chapters of No te arrepientas de perderme, mi Esposo CEO : Chapter 151
- Chapter 160
256 chapters
PIDIENDO CONSEJOS
Kevin permaneció de pie unos segundos en la habitación, ajustándose el reloj con un gesto mecánico. Había algo en su expresión que Leah ya conocía: esa seriedad que no nacía del trabajo, sino del alma. —Tengo que ir a ver a mi abuela —dijo finalmente—. Hay cosas… que necesito hablar con ella. Leah levantó la mirada desde el sillón. No preguntó qué cosas. No lo necesitaba. Había aprendido a leer los silencios de Kevin, y aquel era uno cargado de peso. —Está bien —respondió con suavidad—. Yo… mientras tanto, quisiera ir a donde están las cenizas de mis padres. Kevin se acercó de inmediato. Sus manos buscaron el rostro de ella con cuidado, como si temiera romper algo frágil. —Claro que sí —dijo, y una sonrisa dulce, honesta, cruzó sus labios—. Tómate el tiempo que necesites. Leah apoyó su frente en el pecho de él por un instante. No hubo promesas, ni explicaciones. Solo la certeza de que, pese a todo, aún había respeto. Una hora después, Leah estaba sola. El lugar era silencioso,
ESTAN LOS INFORMES
El vehículo que transportaba al Magnate avanzaba, sus pensamientos seguían siendo un caos, eran como lanzas qué le provocaba heridas profundas, más allá de que su abuela ya lo había sacado hacia el camino correcto, todo lo que él era se había convertido en cenizas, pensar en Dulce, en los años que estuvo desaparecida era un golpe de realidad absoluta, la realidad que él ahora tenía con Leah, pero en el fondo su temor más grande era que esa "Realidad" Termine derrumbada. Pero Dulce no era su preocupación, su tormento era Leah. Ella era su necesidad cruda.Kevin llegó cuando el sol comenzaba a descender, tiñendo el cielo de Bella Vista con tonos tibios que parecían engañosamente tranquilos. Leah estaba de pie, cerca del sendero, como si su cuerpo hubiese sabido antes que su mente que él ya estaba allí. No lo vio llegar, lo sintió. Y él no le dio tiempo a decir su nombre. La tomó del rostro con ambas manos, como si temiera que el mundo se interpusiera entre ellos, y la besó. No fue un b
LA RECONSTRUCCIÓN DE LOS HECHOS
Kevin permanecía de pie frente al escritorio, inmóvil, como si el cuerpo no le perteneciera. Las tres carpetas descansaban abiertas, desparramando documentos, fotografías, informes médicos y transcripciones que parecían gritar una verdad que nadie había querido —o podido— ver antes. Arturo se mantenía erguido, pero tenso. El investigador, un hombre de rostro curtido y mirada precisa, fue quien tomó la palabra. Su voz era firme, sin adornos, como quien sabe que cada sílaba pesa. Era momento de terminar con esto. —Señor Hill… —comenzó—. Lo que va a escuchar no es una hipótesis. Es una reconstrucción completa basada en pruebas cruzadas, registros financieros, testimonios indirectos y errores que alguien creyó bien enterrados. Kevin no respondió. Solo asintió una vez. El investigador deslizó una fotografía hacia el centro del escritorio. Era borrosa, tomada desde lejos. Una mujer de espaldas, delgada, con el cabello recogido de forma descuidada. —Esta imagen fue tomada la noche
DIRECTO EN LA CLÍNICA
Leah podía sentir que la sangre abandona su rostro ante aquellas palabras exoresadas por Henry, pero antes de que exponga algo más la voz del hombre vuelve a escucharse.— Quizás estas sorprendida, si te lo digo es para que comprendas que más allá de lo que tú estas creyendo construir con Kevin, existe una barrera que tú no podrás derribar Leah y algo me dice que tu esposo aun no ha hablado contigo, pero esa es la realidad ahora, Dulce no están muerta esta en Asia y Kevin lo sabe.El teléfono golpeó el suelo con un sonido seco, hueco, como si hubiera caído dentro de ella y no sobre el mármol. No rebotó. Se deslizó apenas unos centímetros y quedó inmóvil, con la pantalla apagada, como un ojo cerrado que se negara a seguir mirando. El silencio que siguió fue peor que las palabras de Henry. Leah permaneció de pie, sin moverse, con la mano aún suspendida en el aire donde segundos antes había sostenido el aparato. Sentía el pulso en los oídos, un martilleo irregular que no lograba acompa
NO QUIERE ARRIESGAR NADA
El aeropuerto hervía de movimiento, pero para Kevin todo era ruido lejano. Caminaba con paso firme hacia la puerta de embarque, el abrigo colgándole del brazo, la mente aún atrapada entre informes, nombres y verdades que habían llegado demasiado tarde.Su teléfono vibró.Estuvo a punto de ignorarlo.Pero el nombre que apareció en la pantalla le heló la sangre.Ana.Respondió incluso antes de detenerse por completo. La nseñal ahora daba y se percata de que no era la primera llamada que la mujer le dejaba.—¿Ana? —dijo, con la voz ya tensa.Del otro lado no hubo saludo. Solo respiración agitada, contenida a duras penas.—Señor … —la voz de Ana temblaba—. Señor, disculpe la molestia, pero escuche escuche con atención, por favor.El presentimiento le atravesó el pecho como una cuchilla.—¿Qué pasó? —exigió—. ¿Dónde está Leah? ¿Ocurre algo?Ana tragó saliva.—Está en el Sanatorio.Kevin se quedó quieto. La gente siguió avanzando a su alrededor, chocándolo sin que él lo notara.—¿Qué? —susu
EN BUSCA DEL CAUSANTE DE TODO
Leah fue despertando poco a poco, la oscuridad fue lo primero que percibió. No era una oscuridad total, sino una penumbra espesa, densa, como si la noche se hubiera instalado dentro de la habitación. Leah abrió los ojos lentamente, con cautela, como si temiera que el simple acto de despertar pudiera romper algo más dentro de ella. Todo le dolía. No un dolor punzante, sino uno profundo, cansado, que se alojaba en su cuerpo como un eco de lo que había pasado. Su respiración era lenta, medida. Cada inhalación parecía recordarle que seguía allí.Viva.Su mirada tardó en enfocarse. El techo blanco, las sombras proyectadas por una lámpara tenue, el silencio interrumpido apenas por un sonido lejano y constante. Entonces comprendió dónde estaba.El hospital.Su mano se movió instintivamente, despacio, buscando algo más allá de las sábanas. Cuando sus dedos rozaron su vientre, su corazón se detuvo por un segundo eterno.Seguía allí.Un suspiro tembloroso escapó de sus labios. No sabía en qué e
LO DESESTABILIZÓ
El lugar era discreto. Demasiado. Un edificio sobrio, de fachada impecable, donde todo parecía ordenado, pulcro… inocente. Kevin Hill detuvo la camioneta frente a la entrada privada sin apagar el motor de inmediato. Sus manos seguían firmes sobre el volante, pero su respiración no lo estaba. Henry Morgan estaba allí. Kevin bajó del vehículo con pasos lentos, controlados. No era prisa lo que lo movía, era determinación. Cada paso resonaba como una cuenta regresiva. Los guardias privados intentaron detenerlo, pero bastó una mirada —una sola— para que comprendieran que interponerse sería un error. —Señor Hill… —alcanzó a decir uno. Kevin no respondió. Empujó la puerta con violencia contenida y entró. Henry estaba de pie, junto a una mesa de cristal, sosteniendo una copa. Vestía impecable, como siempre. Elegante. Relajado. Como si el mundo no ardiera a su alrededor. Cuando escuchó los pasos, giró lentamente. Y sonrió. —Vaya… —dijo con falsa sorpresa—. Si no es el viu
LO MÁS SAGRADO DE SU VIDA
Al momento en que él sale de allí toma el volante del vehículo, la cabeza estaba a punto de explotar, Kevin se estaba dando cuenta de que no estaba actuando a sangre fría como debe de ser y como él está acostumbrado a hacer. Nada estaba saliendo como debía. Kevin condujo con el ceño fruncido, los nudillos blancos alrededor del volante. El informe seguía abierto en la pantalla del tablero, como una herida que no dejaba de sangrar. No obstante un nuevo dolor de cabeza estaba por surgir nuevamente. Puesto que Dulce Hill había llegado a Bella Vista. El teléfono de Kevin había sonado, se trata de uno de sus guardaespaldas. — Señor Hill, lamentamos la molestia, pero la señora Dulce obtuvo el alta y no hubo poder humano qué la detuviera, ella exigió venir a Bella Vista y el doctor para evitar complicaciones accedió. Kevin aprieta las manos en el volante. No estaba en los planes. No era prudente. No era sensato. Pero Dulce había insistido. —"Ya no puedo esperar", nos ha dicho Se
ENMENDAR SU ERROR
La Villa Hill estaba iluminada como si esperara una celebración, pero el aire era denso, cargado de una tensión invisible que se filtraba en cada rincón. Kevin Hill descendió del automóvil sin prisa, ajustándose el abrigo con un gesto automático. No llevaba prisa porque, en el fondo, sabía que ese encuentro no tenía escapatoria. Había postergado ese momento lo suficiente. Apenas cruzó el umbral, la vio. Dulce Hill estaba de pie frente a él, como si hubiera estado aguardándolo desde siempre. No avanzó al principio. No gritó. No lo acusó. Solo lo miró… y en ese segundo sus ojos se llenaron de lágrimas. —Kevin… —su voz se quebró al pronunciar su nombre. Él se detuvo por completo. Dulce dio un paso al frente, luego otro, hasta quedar frente a él. Sus manos temblaban, su respiración era irregular, y cuando alzó el rostro, las lágrimas comenzaron a caer sin contención. —¿Por qué no me lo dijiste? —preguntó, casi en un susurro—. ¿Por qué no me dijiste que te habías vuelto a cas
DECISIONES
— Kevin, no quiero que te sientas presionado, pero creo que estas olvidando quien eres tu, estas dejando de hacer lo correcto, estas confundido y entiendo que son muchas emociones Kevin, pero eso no quita que es lo correcto, estas teniendo miedo lo puedo sentir en ti, nos amamos desde la juventud y te conozco — Dulce se acercó a él — Este no es el CEO que yo conozco — Kevin se mantuvo en silencio — Tu sabes lo que tienes que hacer Kevin, yo pase mucho durante estos dos años y sufrí para estar aquí contigo, pero tampoco pienso quedarme si tu no estas de acuerdo con... — Dulce, lo mejor es que te vayas a dormir, el viaje fue largo, estos son mis asuntos desde este momento y yo ya tengo claro que es lo que tengo que hacer. — Está bien Kevin — Fue la respuesta de ella y avanza por las escaleras mientras Kevin suspira y se dirige al despacho. Aquel despacho estaba en penumbra apenas cerró la puerta tras de sí. El clic seco del pestillo resonó más fuerte de lo que hubiera querido, como s